Archivos
Un archivo que no abre puede estar incompleto, no roto
Antes de buscar un reparador, conviene comprobar si la descarga terminó, si el tamaño coincide y si la aplicación admite ese formato.

Un archivo que no abre suele recibir enseguida la etiqueta de “corrupto”. A veces lo está, pero también puede haber llegado a medias, tener una extensión engañosa o necesitar una aplicación distinta. Antes de instalar un reparador, compruebo si el archivo que tengo es realmente el archivo que esperaba.
La pista más sencilla está en el historial de descargas. El navegador distingue entre descargas completas, fallidas y bloqueadas, aunque la carpeta muestre un nombre convincente.
Vuelve al origen de la descarga
Abro el panel de descargas del navegador y localizo el elemento. La guía de Mozilla sobre la ventana de descargas explica que allí se muestran el tamaño, el origen, la hora y el estado. Esos datos resultan más fiables que buscar a ciegas en la carpeta.
Si el navegador indica que la descarga falló, no intento abrir el fragmento. Repito la descarga desde la página oficial y espero a que el estado sea completo. Si aparece una advertencia de seguridad, no la desactivo solo porque reconozca el nombre del archivo. Confirmo el origen y sigo la indicación del navegador.
Cuando el enlace llegó por correo o mensajería, compruebo que el remitente y el contexto sean legítimos. Un archivo inesperado no se vuelve seguro por descargarlo dos veces.
Compara el tamaño, no solo el nombre
Dos archivos pueden llamarse igual y contener cosas distintas. Miro el tamaño en Propiedades o Información. Un documento que debería incluir muchas páginas y ocupa unos pocos kilobytes merece sospecha. Una descarga de cero bytes está vacía aunque conserve el icono de su aplicación.
Si la página de origen publica un tamaño aproximado, lo comparo. No exijo que coincida al último byte cuando el sitio redondea, pero una diferencia grande señala una transferencia incompleta o una versión distinta.
También compruebo la fecha. Puede que esté abriendo una copia antigua guardada en otra carpeta. Ordenar Descargas por fecha y mostrar la ruta completa evita repetir intentos sobre el archivo equivocado.
Mira la extensión con prudencia
La parte final del nombre, como .pdf, .jpg o .zip, orienta sobre el formato. Si el sistema oculta extensiones, puedo pedir al Explorador que las muestre. No cambio la extensión para “convertir” el archivo. Renombrar informe.zip como informe.pdf no modifica su contenido.
Si el nombre termina en algo parecido a .crdownload, .part o una extensión temporal, probablemente la descarga no ha terminado. No borro el original hasta saber si el navegador puede reanudarla. Si no puede, inicio una descarga nueva desde la fuente.
Con archivos comprimidos, intento abrir primero el contenedor con la herramienta del sistema. Si el contenedor falla, el problema está antes que el documento interior. Si abre pero solo falla un elemento, guardo esa diferencia.
Prueba con una aplicación adecuada
Que una aplicación no reconozca el archivo no prueba que esté dañado. Busco en la documentación del programa qué formatos admite. Después pruebo con la aplicación que creó el archivo o con un visor oficial.
No subo documentos privados a una web desconocida para “repararlos”. Un contrato, una factura o una fotografía pueden contener información sensible. Si necesito convertirlos, prefiero una herramienta conocida y una copia de trabajo.
Antes de instalar nada, pruebo otro archivo del mismo tipo que sé que funciona. Si ninguno abre, la sospecha cambia hacia la aplicación. Si solo falla uno, vuelvo al tamaño, al origen y a la descarga.
Conserva una copia antes de reparar
Si el archivo es único y valioso, hago una copia con otro nombre antes de intentar una reparación. Trabajo sobre la copia y dejo el original sin modificar. Algunas herramientas reescriben el archivo incluso cuando no consiguen arreglarlo.
Cuando el archivo procede de otra persona, pedir una copia nueva suele ser más seguro que reconstruirlo. Indico el nombre, el tamaño recibido y el momento de la descarga. La otra persona puede comprobar si su original abre y enviarlo de nuevo por un canal adecuado.
La frase útil no es “el archivo está roto”, sino “la descarga figura como completa, ocupa 2,4 MB, otro PDF abre y este no”. Esa descripción reduce el problema sin destruir pruebas. Muchas veces, el arreglo consiste simplemente en dejar que el archivo termine de llegar.